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  II RUTA A LA RIBERA DEL DUERO
  Eduardo Celdran Oteo   8 y 9 de Noviembre 2014
 
  Volvemos a las tierras de cultivo de vid. Para visitar las mejores Bodegas.
       
 

 

Viernes por la tarde, y el Convento las Claras de Peñafiel, ya estaba preparado para recibirnos.

 

En su claustro íbamos reuniéndonos, para esta nueva aventura. Cuando ya estuvimos todos, pasamos a cenar en el precioso comedor del convento. Unas copas en el bar sirvieron para conocer a los nuevos venidos desde diferentes zonas de España. Zamora, Vigo, Valencia, Coruña, Salamanca, Toledo y Madrid.

 

 

 

El sábado amaneció un día gris, amenazando lluvia, lo cual nos puso muy contento. Y arrancamos la ruta, con una difícil subida en Curiel de Duero, que nos llevaba a un llano privilegiado sobre el valle del Duero. Una bajada en forma de Balcón, nos llevó a orillas del Duero, ribera que recorrimos hasta Roa de Duero.

 

Una vez en Roa, dimos un paseo por sus calles y catedral, continuando la ruta entre viñedos en dirección al valle del cuco, parando a almorzar junto al castillo de Curiel.

 

Una nueva ascensión nos llevó al Mirador del Pinzas, un balcón natural con vistas a los mejores viñedos de la Ribera del Duero. Una bajada intensa, nos llevó hasta Pesquera, donde un waypoint erróneo, hacia a nuestros GPS, solicitarnos en embarque en ferry…

 

La comida se realizó junto al Monasterio de San Bernardo en Valbuena de Duero. En una zona recreativa, una larga ristra de mesas, aunó a todo el grupo en animada charla.

 

Después de comer, la obligada visita al Monasterio, con unas modernas audio guías. Pero a todos nos sorprendió la belleza del monasterio.

 

De nuevo en ruta, la lluvia se instaló junto a nosotros, mejorando la diversión en la conducción por las pistas. Un camino en reparación nos obligó a improvisar una alternativa antes de llegar Quintanilla de Onésimo, donde cruzamos el rio Duero.

 

El penúltimo tramo de ruta, nos adentró en una zona de pinar y monte, abundante en caza. Donde descubrimos una extraña construcción militar, en forma de túnel. Una bonita pista nos llevó al Convento de Armedilla, pero la lluvia nos impidió su visita.

 

Aún quedaba el último tramo por una planicie, entre campos de cultivo, pero que estaba llena de barro, con lo que los conductores disfrutaron de lo lindo estos últimos kilómetros de ruta.

 

De vuelta en Peñafiel, la jornada acabo con una cata en las bodegas Protos de un tinto crianza. La cena en una cueva-bodega típica sirvió de colofón a una intensa jornada.

 

 

 

El domingo, entre nubes y claros, iniciamos una ruta, muy entretenida llena de ascensos y bajadas. En San Martin de Rubiales una zanja cortaba nuestro paso, por unas obras. Así que tuvimos un paso embarrado para acceder al pueblo. Una vez en Castrillo de Duero, interrumpimos, la ruta para realizar la visita al Castillo de Peñafiel, “el Navio”.

 

Esta interesante visita, además de darnos a conocer este interesante monumento, nos brindó unas vistas estupendas.

 

A continuación, se improvisó un recorrido para retomar la ruta, que ya en la provincia de Segovia, nos regaló un trio de Corzos, que se pasearon delante de los coches.

 

Una bajada impresionante, nos llevó hasta Sacramenia, lugar final de la ruta.

 

La comida final, se celebró en el Restaurante Maribel, quien prepara uno de los mejores lechazos de España.

 

Después de comer, se sorteó una camisa de Iberutas, y nos despedimos hasta la próxima ruta.